[OPINIÓN] Millán Requena: El Pacto Mundial para la migración

[OPINIÓN] Millán Requena: El Pacto Mundial para la migración

La gestión de los movimientos migratorios es una de las encrucijadas más importantes de nuestro tiempo. Da igual el país analizado, lo más probable es que sus normas migratorias fueran diseñadas hace décadas, cuando los efectos de la globalización eran mucho menores. Para afrontar estos retos, los Estados miembros de las Naciones Unidas reconocieron la necesidad de abordar todos los aspectos que plantean las migraciones. En la que se conoce como la Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes se establecieron las bases para la adopción de un Pacto Mundial para la migración segura, regular y ordenada. Reunidos en Marrakesch en 2018, los líderes mundiales adoptaron el Pacto Mundial, el primer acuerdo global para cooperar entre países, aprovechar los beneficios de la migración y proteger a los migrantes indocumentados.

El Pacto presenta la migración como un fenómeno multidimensional al que se enfrentan por igual países de origen, destino y tránsito. Reconoce que la migración es un elemento que define el mundo globalizado (Naciones Unidas estima que el número actual de migrantes internacionales es de 258 millones) y que puede ser una fuente de prosperidad y desarrollo sostenible tanto para las sociedades de destino como de origen.

El Pacto establece 23 objetivos de diversa índole sobre los que se busca construir una migración segura, regular y ordenada. Uno de los principales es el de cambiar el discurso negativo en torno a la migración, a menudo vista como una carga económica y amenaza social para el país receptor. De ahí que reconozca la importancia de la recolección y uso de datos objetivos para evitar la creación de narrativas engañosas. De esta forma, los Estados podrán diseñar sus políticas migratorias de manera más inteligente, los migrantes estarán más informados sobre sus alternativas y los ciudadanos conocerán los beneficios de las migraciones.

Ahora bien, el Pacto no es un instrumento vinculante, por lo que su eficacia dependerá de las dinámicas que genere como referente en las políticas nacionales. En este sentido, la cooperación regional es fundamental para su implementación. La UE y América Latina deben compartir su experiencia positiva en la gestión de las migraciones, ante retos como la política migratoria de Trump o la presión en las fronteras europeas. El Pacto migratorio es un logro del multilateralismo, pese a la ausencia de Estados significativos. Por ello, ambas regiones deben asumir el liderazgo mundial en su implementación, compartiendo buenas prácticas en aquellos aspectos en los que existen políticas convergentes hacia los migrantes.

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