[OPINIÓN] José Ventura: El virus “Me hace sentido”

[OPINIÓN] José Ventura: El virus “Me hace sentido”

La emergencia sanitaria mundial hace aconsejable reflexionar en torno a las experiencias y medidas tomadas en diversos lugares del mundo. Si uno visita el sitio oficial de Internet de la Comisión Europea (y les invito a que lo hagan), se puede comprobar el papel de dicha institución. Además del equipo creado por la presidenta Ursula von der Leyen para la coordinación a nivel político, las áreas fundamentales de respuesta al coronavirus son Salud pública, Economía, Gestión de crisis y solidaridad, Investigación e Innovación, Viajes y transporte, así como Educación (con un importante papel del trabajo online contra la desinformación, bulos y estafas).

En todo caso, tanto allí como en otras partes del mundo, junto a la importancia de la cooperación internacional, está el papel de los Estados y sus políticas a la hora de hacer frente a la crisis. En esto último, son los gobiernos los que tienen un rol fundamental y es natural que en ellos centren su atención en los medios de comunicación (a quienes corresponde informar evitando que el drama degenere en sensacionalismo). Pero ello no ha de hacernos olvidar, ahora y siempre, que parte importante y activa del Estado somos los ciudadanos, una institución fundamental que si bien pueden pensarse muy limitados en capacidades de acción y decisión como individuos, somos imprescindibles a la hora que se pongan en práctica las medidas adecuadas. Una conclusión que deberíamos tener presente para el futuro, más allá del plano epidemiológico, es la importancia de hacer uso responsable de nuestras libertades que, intrínsecamente, comportan el deber de medir nuestras acciones pensando en el bien común (como algo concreto, no entelequias ideologizantes).

Desde hace tiempo, acostumbra a aparecer con frecuencia la expresión “me hace sentido”. Este “calco” del inglés es una traducción incorrecta: es la persona la que piensa e interpreta los fenómenos percibidos, no son las cosas las que “producen el sentido para nosotros”. Pero el hecho de que se siga repitiendo, incluso sin darnos cuenta y sin estar de acuerdo con esa falacia, manifiesta la gran difusión de una atmósfera de blandura y lenidad ante actitudes pasivas e irreflexivas, en la que se espera que otros hagan las cosas por nosotros, aunque, a la postre, nos guste atribuirnos el mérito (yo lo llamo metafóricamente “sherpismo”). Esta es una de las raíces de las “dolencias culturales” que, de manera preocupante, seguirán proliferando como consecuencia de la crisis que vivimos: rumores, bulos, teorías conspiranoicas, comportamientos colectivos irracionales e intolerantes, etcétera. Para tratar de remediarlo, entre otras cosas, hemos de fortalecer, con la sencillez y paciencia de las pequeñas acciones cotidianas, al alcance de todos, una institución política clave como es el ejercicio de la responsabilidad ciudadana.

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